Cultura

(Z): La espera (una letra del universo 16)

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Escrito por Administrador

*Vartan Gómez

(Z)oilo era un Soñador.

Cuando tenía doce años, (Z)oilo fijó una meta para su vida: no morir hasta haber visto realizado su Sueño.

Y así comenzó su espera.

Esperó un segundo. No se cumplió su Sueño.

Esperó un minuto. No se cumplió su Sueño.

Esperó una hora. No se cumplió su Sueño.

Esperó un día. No se cumplió su Sueño.

Esperó una semana. No se cumplió su Sueño.

Esperó un mes. No se cumplió su Sueño.

Esperó un año. No se cumplió su Sueño.

Pasaron dos años. No se cumplió su Sueño.

Terminó el colegio secundario, pero ese no era su Sueño.

Pasaron tres años. No se cumplió su Sueño.

Pasaron cuatro años. No se cumplió su Sueño.

Por mucho tiempo, (Z)oilo creyó que nunca vería realizado su Sueño, pensó en desistir, pero desistió en desistir.

(Z)oilo encontró a una mujer adorable y se casó con ella.

Pero ese no era su Sueño.

Con el tiempo, (Z)oilo tuvo tres hermosos hijos: una nena y dos varones.

Pero ese no era su Sueño.

Un golpe de suerte le dio a (Z)oilo la oportunidad de volverse millonario. Pudo así comprar una casa nueva y aprovechó todas las cosas que el dinero podía ofrecerle.

Aunque ese tampoco era su Sueño.

Pasó el tiempo y (Z)oilo llegó al medio siglo de vida.

Y su Sueño todavía no se había cumplido.

Un poco antes de cumplir sesenta años, la esposa de (Z)oilo murió.

La amargura le hizo desear con más fuerza la realización de su Sueño, Sueño que veía cada vez más lejano.

Esperó.

(Z)oilo cumplió setenta años y su Sueño no se realizaba aún.

Su hija mayor murió de cáncer. El dolor fue grande. Pero le dolía más no ver cumplido su Sueño todavía.

Cumplió ochenta años y su Sueño no se cumplía.

(Z)oilo esperó.

Nada.

Su hijo menor murió. (Z)oilo tenía ochenta y seis años.

Esperó.

Nada.

(Z)oilo no sólo llegó al siglo de vida, sino que incluso lo superó. A esa altura lo cuidaban todavía sus nietos más jóvenes, que, dicho sea de paso, ya eran bastante mayores.

Pero su Sueño seguía sin cumplirse.

La edad y esa frustración lo hicieron caer en un pozo depresivo que duró años.  Pero no se moría. Su Sueño lo mantenía vivo.

Cumplió ciento diez años la mayoría de sus primeros nietos habían muerto. Pero no (Z)oilo. (Z)oilo debía ver cumplido su Sueño.

A los ciento cincuenta años ya no tenía nietos, le quedaban algunos bisnietos, pero nunca se interesaron en él. Si tenía tataranietos, nunca los conoció. No eran parte de su Sueño.

(Z)oilo seguía vivo porque su sueño le daba fuerzas.

Esperó.

Su Sueño no se realizaba.

Esperó.

Esperó.

No se podía rendir ahora.

¡(Z)oilo cumplió doscientos años y aún no veía realizarse su anhelado Sueño!

Nadie se había percatado de su existencia y su asombrosa longevidad, cosa extraña en un mundo en donde las noticias se informan simultáneamente con los hechos que están sucediendo. Un periodista desconocido se encontró un día con la historia de (Z)oilo y los llevó a los dos al estrellato.

Las cámaras de televisión de todo el mundo mostraban al longevo (Z)oilo y cientos de periodistas de distintas partes del globo le hacían reportajes, aunque ya no podía hablar.

Sordos reportajes.

Lo consideraron “el Nuevo Matusalén”.

Algunos tataranietos aparecieron, obviamente, para parasitar la fama de (Z)oilo.

(Z)oilo esperó.

Su Sueño no se realizaba y (Z)oilo no se moría.

Cincuenta años después, cuando su longevidad hacía décadas que había dejado de ser noticia, el mundo se vio conmocionado por la noticia de un cataclismo que destruiría el planeta por completo.

Se acercaba un meteorito del tamaño de la luna.

Al oír esta noticia, (Z)oilo salió de su estado depresivo y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.

Era el Fin del Mundo.

Pocos minutos antes del final, cuando el sol había sido eclipsado por la falsa luna y todo estaba sumido en la más de las absolutas tinieblas, alguien se acercó a él y le preguntó:

–¿Por qué está tan contento, Don (Z)oilo?

Tratando de articular las palabras, ya que no había hablado en muchas décadas, (Z)oilo respondió, con una voz apenas audible:

–Porque… al fin… voy a poder… ver… realizado… mi Sueño.

–¿Y cuál puede ser el sueño que lo ponga tan feliz en los últimos minutos de vida? –preguntó llorando Alguien.

Zoilo amplió más su sonrisa de una manera inhumana y contestó con dificultad.

–Ver… el fin… de… la… humani

El meteorito impactó sobre el Atlántico.

La Tierra estalló en un agónico grito final.

Al Universo, vasto y silencioso, poco le importó lo que una mínima mota de polvo podría sufrir.

Lo que alguna vez fue la Tierra, era ahora no más que un cúmulo de rocas sin vida flotando en el espacio.

Y allí, entre las rocas muertas, estaba (Z)oilo.

(Z)oilo seguía vivo. Y muy consciente.

Su asombrosa inmortalidad había sido completa: no podía morir.

(Z)oilo ya no necesitaba comer, no tenía sed, no podía dormir.

Su Sueño se había cumplido.

Ahora debía pagar las consecuencias de ese Sueño cumplido.

(Z)oilo seguirá flotando en el vacío del espacio.

ETERNAMENTE…

Sobre el autor

¿Quieren que les cuente por qué necesito un multiverso? Vamos a canonizar los 24 universos principales, aunque hay algunos más por ahí. A lo largo de los años, fui cambiando, agregando y modificando los universos, su ubicación y su estructura. Piense que tenía al principio la exagerada suma de 150 universos diferentes donde ubicar mis historias, lo que era una locura, porque, además, había universos donde sólo sucedía una única historia, y otros ni siquiera tenían algo designado. Ahora voy a canonizar los que son seguro que quedan como les digo ahora:

Universo 1: El mundo más realista de todos. Acá no hay cosas fantásticas ni nada parecido. No existe la magia y las ficciones son eso, simples ficciones. Por ahí, en los sueños se pueden conectar con el resto de los universos… por ahí.

Universo 2: El universo de The Prymos, dos primos que resuelven misterios por ahí. A veces los hechos sobrenaturales los encuentran, otras los llaman para que los resuelvan. Una previa la tienen en “Fiorella”.

Universo 3: Una momia milenaria despierta para conquistar el mundo.

Universo 4: La Gran Saga de Avernópolis, La Ciudad Infierno. Muchos protagonistas contra los Siete Demonios Capitales.

Universo 5: Tierra de Los Profesionales, Los Serviciales, Los Oficiosos, o como sea que llame al grupo de Superhéroes principal de este universo.

Universo 6: Saga de Alan Panasiuk y el Abanico de las Realidades.

Universo 7: Las Cruzadas Divinas. Una gran guerra entre dioses, semidioses y héroes de diversas mitologías.

Universo 8: Gran Saga de las Tríadas.

Universo 9: Saga de El Campeón de las Nueve Espadas. Un héroe que recuerda todas sus nueve vidas en diferentes eras del mundo, desde un pasado remoto hasta un futuro distante y crepuscular. Igual hay varios otros guerreros como el Campeón.

Universo 10: Las aventuras de los alumnos del Colegio Mairo Lince.

Universo 11: Historias de los 33 Arcanos.

Universo 12: Las Misteriosas y el Regreso del Wilkimano, el Gusano Cósmico. Lean “Geraldine”, “La Biblioteca” y “Nicolasa” para adentrarse en lo que se viene.

Universo 13: Nemôria y sus seis planos. Centro del Multiverso.

Universo 14: Las Fabularias, antes Fantafábulas. Una de las historias ya la tienen por ahí: “El Peregrino Sin Patria y La Reina De Ojos De Jade”.

Universo 15: La Saga de la Rueda de los Mundos.

Universo 16: Historias de los Hombres (de) Letras. El cuento “La Espera” nos cuenta el fin de la Tierra de este Universo.

Universo 17: La serie de Las Seis Perlas del Universo. Dos fuerzas antagónicas, Creación y Entropía, luchan usando a peones entre los habitantes de seis mundos diferentes.

Salteamos los Universos 18 a 21, que todavía tengo que terminar de definir las historias de esos universos.

Universo 22: La Gran Saga del Peregrino Pardo.

Los Universos que faltan todavía no los menciono. Sé qué va a pasar en cada uno, más o menos, pero tengo que definirlos bien. Sólo sé que en el Universo 24 hay una historia que se va a llamar “La Noche de Todos los Campeones”. Y este Universo se conecta con cuatro mundos más: Nêrdia, Ilusôria, Van Fernê y Shilâgen.

En el futuro seguiré desarrollando. ¡Nos olemos luego!

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