Cultura

Nicolasa (Una misteriosa del Universo 12)

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Escrito por Administrador

*Vartan Gómez 

–¡Mirko, sos un tarado! –le gritó Milton cuando vieron caer la pelota en la casa rosada frente a la plazoleta.

–Siempre lo mismo, vos, Mirko, ¿eh? –exclamó Milo mirándolo con bronca.

–¡Váyanse a freír churros, loco! –les gritó Mirko ofuscado.

–Andá a buscar la pelota, Mirko –lo interrumpió Milton enojado.

–Sí, loco, hacéte cargo –acotó Milo.

Mirko refunfuñó y dijo, también enojado:

–¡Vamos todos, loco! Acompañenmé! ¡No me dejen solo!

–Eh, loco, ¿vos te mandás la macana y para colmo te hacés el ofendido? –le dijo Milton.

Mirko lo miró con los ojos entrecerrados, con el ceño fruncido, y les hizo el gesto para que lo acompañaran.

–Decí que somos buenos amigos –dijo Milo –, así que dale, vamos todos –y miró a Milton con resignación.

Los tres cruzaron la calle.

Eran las tres y veinte de la tarde, así que los únicos que estaban al calor del sol de la siesta eran ellos tres.

La plazoleta la habían encontrado un par de semanas atrás. En su barrio ya los habían echado de todos lados por ponerse a jugar a la pelota a la hora de la siesta, así que decidieron ir a esa plazoleta solitaria y tranquila, a muy pocas cuadras.

–Llamá vos, Mirko –dijo Milo –, al fin y al cabo, vos tiraste la pelota.

–Me da vergüenza, chicos.

–No, dejá –interrumpió Milton –. Mejor llamo yo sino vamos a estar toda la tarde hasta que este se anime.

–¡Eh, mala onda! –lo insultó el Mirko.

–Callate, Mirko –lo interrumpió Milo.

Milton golpeó las manos.

Nada.

Volvió a golpear más fuerte.

Nada.

Milo se sumó.

–¡Señora! –llamó.

Nada.

–Si no sale nadie me vas a comprar una pelota nueva, Mirko –lo miró Milton con bronca.

Mirko miró para otro lado, haciéndose el desentendido.

Esta vez, volvieron a intentar golpeando las manos los tres juntos mientras Milo gritaba con todas sus fuerzas: “¡Señora!”.

Dentro de la casa rosada, comenzaron a escucharse unos ladridos agudos.

Los chicos vieron que corrieron fugazmente la cortina de una de las ventanas.

No pudieron ver quién los veía.

Los chicos se miraron entre ellos, expectantes.

Salió entonces una señora canosa de unos setenta años, y detrás de ella se escabulló un perrito de tipo chihuahua pero mucho más grande que los de esa raza, de color marrón claro. El perrito comenzó a ladrarles con fuerza, con unos potentes ladridos agudos y rápidos, por lo que los chicos se alejaron de la reja.

–Si, chicos. ¿Qué necesitan? –preguntó la señora.

–Disculpe la molestia, señora –dijo cortésmente Milo –. ¿Podría alcanzarnos la pelota que se nos cayó en su jardín?

La señora salió al patio y miró hacia ambos lados. Luego los miró.

–Yo no veo ninguna pelota, chicos. ¿No quieren pasar a buscarla?

–Si no es mucha molestia, señora –dijo Milton.

–¿No es malo el perrito? –preguntó Mirko.

–¿Puki? No, para nada. Ladra mucho, sí, pero es muy cariñosa –dijo la señora–. No tienen por qué tenerle miedo. No los va a morder.

– No parece –murmuró Milton.

–Callate, bobo, a ver si no nos deja entrar por tu culpa –le dijo Milo por lo bajo.

La señora se acercó y abrió la puerta del muro de entrada.

La señora levantó a Puki entre sus brazos.

Los chicos entraron. La perra les gruñía, desconfiada.

Los chicos pidieron permiso y se repartieron por el jardín del frente, buscando la pelota con asiduidad. En el jardín había macetas de todos los tamaños con diversas plantas y flores.

No tuvieron éxito.

–Capaz que se cayó en el patio del fondo –dijo la señora –. ¿Quieren pasar a ver?

Los tres se miraron para ponerse tácitamente de acuerdo, después miraron a la señora y asintieron.

La señora abrió la puerta de la casa y los hizo pasar.

El interior de la casa era confortable y con un decorado muy delicado y con tonos pastel.

–Qué linda casa que tiene, señora –dijo Milo.

–Gracias, nene – dijo la señora sonriente –. Pueden llamarme Nicolasa.

–¿Nicolasa? – preguntó Mirko extrañado.

–Un nombre bastante atípico –dijo Milo.

–Mi madre, mi abuela y mi bisabuela también se llamaban así –dijo Nicolasa.

–Y seguramente sus tatarabuelas también se llamasen igual. Una vieja tradición para preservar el nombre y la identidad familiar. Resabios de un antiguo matriarcado, seguramente –informó Milton.

–Ay, seguro vos sos el inteligente del grupo, ¿no? –dijo Nicolasa.

–La vara no está muy alta, señora –respondió Milton con una sonrisa pícara.

Nicolasa rio.

–Me parecía. Sos el único que usa anteojos –dijo Nicolasa afablemente.

–Uso anteojos porque soy medio ciego, señora –acotó Milton.

Nicolasa volvió a reír.

Puki volvió a gruñir.

–Uno de ustedes puede ir al fondo a buscar la pelota, chicos –dijo Nicolasa señalando una puerta que daba al patio del fondo.

–Voy yo, Nicolasa –dijo Milo con confianza.

–Está bien, Milo.

Milo se detuvo por un segundo. En ningún momento le había dicho su nombre. ¿Cómo podía Nicolasa saberlo? Quizás los había escuchado hablar mientras buscaban la pelota, pero no recordaba que se llamaran por sus nombres, casi siempre los reemplazaban por insultos y apodos denigrantes.

Milo se encogió de hombros, cruzó la puerta y la cerró tras de sí.

Nicolasa acarició a Puki en la cabeza, que dejó de gruñir apenas se cerró la puerta tras de Milo.

–¿De quién es la pelota que tiraron, chicos? –preguntó Nicolasa con una voz susurrante.

–¿Qué pelota? – preguntó Mirko intrigado.

–La que fue a buscar Milo.

–¿Quién es Milo? –preguntó extrañado Milton.

Nicolasa sonrió.

A Mirko le pareció que la perrita de la señora hacía una mueca extraña, como si fuera una sonrisa.

–¿Saben sus padres que vinieron a jugar a esta plazoleta? –preguntó Nicolasa maliciosa, en unos susurros medio siniestros.

–No. Nunca le dijimos a nadie.

Perrfekto –susurró Nicolasa.

Puki giró la cabeza hacia su dueña.

Milton se horrorizó al ver que la perra giraba la cabeza… ¡ciento ochenta grados! Quiso gritar, pero no pudo. Miró a Mirko, que tampoco se movía de su lugar.

Nicolasa bajó a Puki y la puso en el piso. La perrita se acercó a Mirko. Nicolasa se acercó a Milton.

Milton quería correr, pero estaba inmóvil.

Nicolasa, con una sonrisa amplia, que le deformaba toda la cara en una mueca antinatural y que mostraba unos dientes viejos y amarillentos, tomó con sus manos las mejillas de Milton, lo que hizo que no pudiera ver más a su amigo, que estaba más atrás que él.

Escuchó a Puki gruñir. Luego escuchó que emitía otro sonido, otro ruido, que nunca había escuchado en su vida. Era una mezcla de graznido, mugido y ronquido.

–¡No! ¡No! ¡Por favor! ¡No! ¡Pará! ¡Milton! ¡Ayudáme! ¡AYUDAM

Los gritos de Mirko cesaron de repente.

Milton comenzó a llorar, aunque no pudiera gritar.

Las manos de Nicolasa estaban heladas, como si no estuviera viva.

Nicolasa tenía ojos verdes, unos ojos verdes oscuros que se perdían entre sus párpados caídos y las arrugas de su cara.

–No te preocupes, nene –dijo Nicolasa mientras sus ojos verdes se tornaban negros, comenzando por la pupila que se expandía hacia el iris y la esclerótica–. Nadie los va a extrañar. Nadie los va a recordar.

Las lágrimas de horror rodaban por las mejillas de Milton.

Poco a poco, las uñas de Nicolasa se iban clavando en la garganta del inmóvil muchacho.

–Y sí, nene, Nicolasa es un nombre del linaje de mi familia –dijo, al tiempo que su sonrisa se volvía más y más amplia.

Milton quería cerrar los ojos, pero no podía.

Detrás de él, escuchaba el sonido de fuertes crujidos, como si hubiera carne siendo devorada en sonoros bocados.

Los ojos abismales miraron a Milton, su garganta sangraba. No podía respirar. Su cuerpo se estaba congelando.

–Pero Nicolasa es un nombre mucho más antiguo, querido Milton –dijo ella con su voz susurrante mientras su mandíbula inferior comenzaba a desencajarse, como si fuera la mandíbula de una serpiente.

Milton podía ver que la garganta de Nicolasa se perdía en un abismo de carne y muchos tentáculos pequeños que se movían frenéticamente como gusanos epilépticos.

Y, de pronto, Milton escuchó la voz de Nicolasa, ¡pero en su mente!

“Éramos las Nykâol’Azhâ, las Devoradoras de Existencias…”

Eso fue lo último que Milton escuchó.

*Sobre el autor

LAS REGIONES


Cuando era chico, una de las cosas que más despertó mi imaginación fue “Crisis en las Tierras Infinitas”, un macroevento de DC cómics que llegó a mis manos en un verano en Villa Gesell o San Bernardo (ahora no recuerdo muy bien, pero eran las dos ciudades costeras que más frecuentaba en mi juventud) en forma de “taco”, o sea, unos cuantos cómics juntados y reentapados que mandaban como sobras algunas editoriales españolas durante los años de neoliberalismo noventero. Ediciones Zinco editaba los cómics de DC, mientras que Forum editaba los cómics de Marvel (y en esos tacos conseguí los primeros cómics de Conan El Bárbaro, de los que hablé la última vez). Crísis presentaba un evento en el que un villano comenzaba a eliminar cientos de mundos paralelos. Por lo tanto, Monitor, un misterioso ser poderoso, convocaba a superhéroes de varios mundos paralelos y de diferentes épocas para combatir la amenaza multiversal. Ese fue mi primer contacto con la idea de “multiverso”: universos paralelos que conviven uno al lado del otro, separados por frecuencias vibracionales. Algunos mundos eran parecidos, otros eran completamente diferentes. Fue la manera de DC de intentar simplificar años de historias que se les había ido de las manos para derivar en un único universo con una única historia coherente (no les duró mucho).

La idea del Multiverso me quedó siempre dando vueltas por la cabeza. Por eso, ahora, terminé por imaginar mi propio multiverso de historias, ya que, a lo largo de los años, se me fueron ocurriendo muchas ideas y volcarlas en un único mundo era insuficiente. Así, después de ir pensando y simplificando, terminé por reducir mi multiverso de relatos en poco más de 24 universos paralelos, a los que llamé Las Regiones.

La historia de “El Peregrino Sin Patria y la Reina De Ojos De Jade” pertenece al universo 14, y todas las historias de ese mundo se llaman “fabularias”, ya que decidí que cada universo tenga una denominación propia para sus respecctivos relatos.

Ahora bien, Tanto “Geraldine” como “La biblioteca”, no tenían un universo designado, porque, en sí, no sabía dónde ubicarlos hasta este momento. Dada su temática, están hermanadas con “Nicolasa”, así que, desde ahora, estas historias pertenecen al Universo 12, que se llamarán “Las Misteriosas”.

Sólo diré, que el despertar de tantos seres extraños como Geraldine, el Vâwgar y las Nikâol’Azhâ, preparan la llegada de una amenaza muy importante para la Tierra del Universo 12.

Será hora de retomar una vieja idea que me viene acompañando desde 1992 más o menos.
Un mal milenario está listo para despertar de su sueño…

 

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