*Juan Borges
Sólo queda una pregunta ¿en qué momento del mundo el hombre decidió que el infierno quedaba de este lado?
Marcelo Collazo
Simón era un hombre que hacía poco había sido dado de alta de un hospital psiquiátrico. Le habían diagnosticado esquizofrenia porque según sus testimonios hablaba con los muertos.
Ciertamente desde que había comenzado con esas prácticas sus amigos y familiares lo habían dejado a un lado. Nadie lo visitaba en su etapa de internación en el hospital de salud mental.
Solía decir a los pacientes que convivían con él y a los profesionales que lo asistían que le bastaba con sus visitantes. Así llamaba a los seres que tan solo él podía ver.
Era sedado y contenido por los médicos. No obstante y a pesar de la medicación fuerte seguía hablando con los muertos.
Desde niño Simón había sido solitario y tímido. Los niños del barrio se burlaban porque usaba anteojos y eso era un impedimento para jugar a la pelota o a la guerra. Permanecía durante horas leyendo y dibujando.
No mostraba a nadie lo que hacía. Sus padres lo ignoraban rotundamente. Su padre siempre estaba ebrio y su madre consumía pastillas para dejar de llorar.
En la escuela había sido maltratado y abusado de todas las maneras. Solían encerrarlo y hasta que no comenzaba a llorar no lo liberaban. Las maestras y las autoridades de la escuela ignoraban o tal vez hacían caso omiso a su padecimiento.
Cuando llegaba a su casa su padre acostumbraba encerrarlo durante largas horas porque no soportaba que fuera un niño diferente. Vale decir sensible, introvertido y delicado. Alternaba el encierro con grandes palizas.
Su pobre madre lloraba en los rincones testigo de tanto maltrato. Se embebía en pastillas para sobrellevar su existencia padeciente.
Cuando Simón estaba en cuarto año del secundario su padre falleció víctima de una enfermedad cerebral. Aunque lo había padecido desde niño sufrió mucho la perdida.
Nadie está preparado para perder a su padre.
Después de todo era un muchacho sensible y que no tenía la capacidad de odiar a quien le había provocado tantas injusticias.
Simón terminó la secundaria y se recibió de bachiller con orientación en Bromatología. Una especialidad que nunca llegó a comprender del todo. En síntesis era algo inservible.
A él lo único que le despertaba fascinación era escribir. Y hablar con los muertos.
La primera persona con la que habló fue su abuela Alejandra. Ella había sido víctima de un cáncer y había agonizado hasta el final en una cama antigua que después fue la cama donde dormía Simón.
La primera vez la vio parada una noche a los pies de su cama. Sobresaltado del temor se despertó y cuando estaba por gritar ella lo acarició y le dijo:
– No te asustes hijo, soy tu abuela y no voy a hacerte daño. Este don de hablar con los muertos te lo dió Dios.
Entonces se quedó callado y de allí en más comenzó a verla seguido caminando por diferentes sectores de la casa. Por el patio, los pasillos, el comedor y a la noche siempre en la habitación.
Con el tiempo se acostumbró a su presencia. Ella le había advertido que no contara nada a nadie porque nadie le creería. Entonces optó por el silencio.
El padre de Simón había sido policía federal. De manera accidental había matado a un compañero de trabajo. Su madre solía decir que ese día su marido también había muerto. Se volcó al alcohol de forma salvaje.
Quedaba tirado en los bares o en las calles. Cuando regresaba al hogar golpeaba a su abnegada esposa o a su sensible hijo poeta. No toleraba a su familia. El odio y la culpa lo consumían.
Poco a poco iba muriendo. Nada lo contenía. De Niño se había enterado que el hombre que lo había criado no era su verdadero padre, sin embargo le dio su apellido y una crianza severa pero digna.
De muy pequeño debió trabajar en el campo ayudando a su padrastro. Allí aprendió a cultivar la tierra y cuidar los animales.
Los últimos días de su vida los transitó llorando y con un dolor intenso en el cuerpo. El alcohol lo había consumido y le afectó el hígado pero también el cerebro.
Simón vio morir poco a poco a ese hombre cruel y violento. De alguna manera su fallecimiento lo alivio.
Seguía viendo a su abuela muerta y después comenzó a ver también a su padre. Lo perseguía insultándolo por la casa, incluso cuando salía de su domicilio lo perseguía hasta no dejarlo en paz.
Así fueron pasando los años y Simón debió convivir con esos seres invisibles para los demás pero padecientes para él.
A los veinte años consiguió trabajo en un hospital como maestranza. Debía garantizar la limpieza en las habitaciones, en los depósitos y en la morgue. Es muy triste verlos llorar porque no quieren desprenderse de aquellos seres que aman. Le piden que los lleve a su casa, que hable con ellos, que les cebe mate.
Otros más pequeños le pedían que les cuente historias porque se aburren del otro lado.
Del otro lado no hay nada como aquello del túnel, ni lucecitas de colores, ni fantasías similares como prometen los que lucran con la muerte. En el fondo la muerte es un gran negocio.
Como mito y como realidad es una gran industria. Sin embargo la verdad es otra.
Ellos están ahí y Simón no puede despegarse de sus miradas, de su llanto, de sus risas, de su agonía. Porque los muertos siguen sufriendo.
Al menos muchos de ellos se lo transmiten. Mucha soledad hay en la muerte le dijo Leandro, un amigo suyo que ya no estaba en el mundo de los vivos.
-Lo que más me da bronca es el verso del cielo y el infierno. Yo hice todo bien en mi vida porque el cura me decía que sería recompensado y ahora ando dando vueltas como un náufrago-le dice Leandro a Simón mientras caminaban por el barrio.
-¿Y entonces es todo una mentira? Yo los veo a todos mis vecinos y amigos dando vueltas por el barrio como siempre. Queriendo tocar a sus familias sin lograrlo.-responde Simón.
-Yo me encontré con mis viejos y con amigos también en los lugares donde ellos habitaron. Asi que por lo visto no hay cielo ni infierno. Seguimos en los lugares donde estuvimos antes.
Simón sentía mucha tristeza pero de alguna manera aprendió a minimizar la muerte, a comprender que no era una partida irreversible como todos creían sino apenas el pasaje a otro plano metafísico.
Después perdió a su madre y también un hijo. Mientras todos lloraban desconsoladamente él tan solo permanecía en silencio y un día le preguntaron su esposa y su hija porque actuaba tan indiferente y frio ante la muerte y conto su verdad. Ya nada volvió a ser igual.
Su pareja de ese momento lo declaro en estado de insania y pidió un turno en el hospital psiquiátrico para denunciarlo y pedir ayuda.
-¿Y qué le afecta a usted señora que su marido hable con los muertos?-interrogo el psiquiatra director del hospital.
-Me afecta porque no duerme por las noches y anda caminado por el barrio y recorriendo las casas demolidas y abandonadas del suburbio. Ya no habla con nadie. A mí ya ni me toca. Quiero internarlo. A mi hija y a mí nos afecta un tipo así que dice hablar con los muertos. Para mí es un loco del montón.
-Antes que nada debemos examinar al paciente para tener un diagnóstico más acabado.
-Y bueno internenlo y lo examinan. Yo no lo soporto más. Además acaba de cobrar un juicio laboral por malos tratos y persecución laboral y no quiere utilizar ese dinero. Mi hija y yo tenemos gastos y ese dinero nos vendría muy bien.
-¿Usted es consiente que si su marido es declarado insano él perderá el poder sobre todos sus bienes y propiedades?-interrumpió el psiquiatra.
-Lamentablemente no podemos seguir viviendo asi. Encima el muy hijo de puta quiere convencer a mi hija adolescente de sus conversaciones con los muertos. Está muy loco seños, no lo soporto más!!
-De acuerdo señora. Mañana mismo iremos a su domicilio con una ambulancia y personal para contenerlo si se resiste. Usted trate de mantener la calma en el dia de hoy y de mañana.
Llego a su casa la mujer y busco por todos los rincones a Simón,no lo encontraba y se preocupó. Después de una intensa búsqueda lo encontró en el jardín al lado de un árbol de álamo que tenían.
-Hola amor, estaba hablando con mi tío Carlos que se ahorco en este árbol cuando todavía era bajito. Dice que se suicidó porque su familia no lo quería más. Ahora está más tranquilo, ya nadie lo juzga y puede andar libremente por la calle.
-Bueno mi vida no hay problema. Debes tomar la medicación.
-Estuve hablando con mamá hace un rato cuando te fuiste. Me conto adonde habías ido y lo que querías hacer. Yo no voy a hacer como el tío Carlos.Talvez sea lo mejor que me internen.
-A Priscilla no le hace bien verte asi. Ella llora por las noches viendo como su padre enloquece cada vez más. No quiere verte asi. Lo hacemos por vos.
-Gracias por ser tan buena conmigo. Todos mis visitantes me hablan mal de vos y me dicen barbaridades pero no les creo ni les hago caso. Mamá y papá me dicen que no te preocupes que se van a quedar con vos acá en casa a cuidarte y también la tía Marta y el tío Carlos.
Ellos no se van a ir conmigo. Ellos van a seguir acá y no te van a abandonar en ningún momento.
Aquella noche y las demás la mujer no pudo dormir porque también comenzó a escuchar el llanto y la desesperación de los muertos.
